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Andrés Manuel y los reyes de Roma

En doce años de persistir en su lucha por conquistar la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador acumuló el respeto y la aceptación de poco más de 30 millones de ciudadanos, quienes, sin dudarlo, creyeron en su proyecto y le dieron el voto en el reciente proceso electoral.

Hoy que ya es presidente electo, su equipo de colaboradores le han mostrado el verdadero mapa del país, mismo que detalla escenarios de corrupción y complicidad de un grupo de empresarios con gobernantes en turno, los cuales, disfrutan del rendimiento de licitaciones en todos los sectores del gobierno; la diseminación de grupos delincuenciales que invaden el territorio nacional y las múltiples luchas que detonan violencia generalizada; el enraizamiento de la pobreza extrema en todos los municipios; la falta de espacios para fomentar la educación pública en todos sus niveles; la mala distribución de la riqueza y la desaceleración del empleo; el desabasto de medicamentos en el sector salud y; el insostenible sistema estatal de pensiones entre otras distorsiones de la administración pública.

La llegada de Andrés Manuel a la silla presidencial incomodó a varios grupos de poder; pues éstos, saben que sus negocios (muchas veces truculentos) se verán afectados; por lo tanto, el reto del presidente electo consistirá en neutralizarlos inteligentemente, no con más declaraciones públicas, pues éstas, sus mismos adversarios tergiversan para complicarle la próxima tarea de gobernar, en lugar de ello, será mejor que programe acciones contundentes de estado para ganar la batalla a nombre de México.

Para poder gobernar eficazmente y dar buenos resultados, López Obrador necesitará encomendarse a los tres primeros reyes de Roma. De Rómulo necesitará la inteligencia para abatir a sus adversario políticos y empresariales con la fuerza del estado (no con espada) hasta dejarlos fuera de la batalla, así como aquel rey soltó su brava infantería contra los etruscos de Fidene hasta doblegarlos.

De Numa requerirá el sentido de la justicia para gobernar con la ley en la mano, dejando de lado el sentido político, pues desafortunadamente, la corrupción de los poderosos en México se instauró como cultura nacional, permeando naturalmente en todos los niveles de gobierno y de la sociedad, por lo que urge mano firme en el cumplimiento del marco legal como catalizador que promueva la paz.

Finalmente, de Tulio necesitará la ferocidad para instaurar el imperio de la ley en todo el territorio nacional, nuestro país ya no tolera las prácticas de algunos gobernantes locales o grupos de poder regionales que imponen la ley a su gusto violentando flagrantemente la Carta Magna, la historia de Tulio nos demuestra cómo ese rey romano combatió incansablemente hasta someter a los gobernantes y habitantes de la histórica región de Alba Longa.

Gobernar un territorio en llamas como este país no será tarea sencilla, las riendas de la república pronto recaerán totalmente en el Presidente Electo Andrés Manuel López Obrador, acción urgente con la que deseamos se termine la incertidumbre social que nos aqueja como país. Una vez que le sea impuesta la banda presidencial en el Palacio de San Lázaro, el nuevo titular del poder ejecutivo iniciará con el complicado reto de gobernar y gestionar la crítica de quienes desean resultados inmediatos, entonces recordará la respuesta que diera Porfirio Díaz al diario francés “Le Figaro” en París durante su exilio en 1911, lo anterior, ante la pregunta: “¿es difícil gobernar un país como México?”, a lo que el expresidente respondió con sarcasmo: “es tan difícil como subirse a un caballo para intentar arriar un centenar de guajolotes”.

Twitter: @carloskgv

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