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La derrota que hubiera dignificado al Canelo

Circunstancialmente, casualmente o por verdadera suerte, Saúl Canelo Álvarez no fue derrotado por segunda ocasión en su carrera el sábado anterior, ahora por el tricampeón mundial Gennady Golovkin en Las Vegas, gracias a los jueces en turno, quienes tratando de favorecer al peleador mexicano que había sido superado de manera absoluta por su rival, combinaron sus tarjetas para entregar una decisión dividida de empate, que le permitió al kazajo mantenerse como campeón mundial medio del Consejo Mundial de Boxeo (en realidad campeón absoluto pues posee otros dos tercios de la corona), y al tapatío no sufrir otra derrota en su carrera.

Pero el fallo, injusto en su naturaleza, lo fue para el ganador legítimo de la pelea, Golovkin, e injusto para el mexicano, pues el empate desacreditó aún más, su ya de por si cuestionada trayectoria, pero además, dejando en claro que ni siquiera con la confabulación de los jueces impuestos por la Comisión Atlética de Nevada, le pudo ganar a un adversario que resistió en un su momento, los mejores golpes del mexicano.

Golovkin se mantuvo propositivo durante todo el combate, mientras que El Canelo, aunque parezca una contradicción, brindó la mejor pelea de toda su carrera, pero, dejando la evidencia de que ni siquiera ese hecho le permitió vencer a su oponente.

LAS MARCAS DE POR VIDA. Si la decisión hubiera sido una derrota, la carrera y el esfuerzo particular hecho por el Canelo, hubieran dado un vuelco. Aquellos que proclaman equivocadamente la victoria del mexicano, habrían tenido una razón para exigir una nueva pelea. Cargar con una “derrota injusta”, habría validado su esfuerzo, porque el empate se ve como “un empujón” para no perder, y contribuye a que esta pelea tenga un asterisco como el que marca hasta este día, la mayor parte de sus combates.

Dicho asterisco señala peleas ante rivales viejos y acabados, rivales de menor peso donde Álvarez tomó ventaja para derrotarlos fácilmente, rivales como Chávez Junior que llegaron “muertos” a la pelea y por tanto el mérito de vencerlo es mínimo, rivales “clasificados” de la nada e investidos como retadores a la salud del “poderoso caballero” que sigue siendo la autoridad máxima del boxeo. (Don Dinero).

Incluso la desastrosa derrota ante Floyd Mayweather podría haber quedado lavada por la valentía del mexicano que aguantó los embates permanentes del bravísimo peleador oriental, pues habría razones para presumir que a pesar de no haber ganado, habría dejado en el ring lo mejor que tiene como boxeador.

MUÑECO DE VITRINA… Pero esa es la bendición que parece estarle negada al Canelo, la de que nos sintamos orgullosos de él como mexicano triunfador y no que sea visto como “muñeco de aparador” cuya trayectoria ha sido probablemente, la más manipulada de la historia del deporte de los puños, incluso, por encima de la de su promotor Oscar de la Hoya.

Lo sintético de los resultados de Álvarez provocan repudio. Ese repudio que creció hasta el paroxismo en la T-Mobile Arena, donde de los 22 mil aficionados que estaban en el lugar, más, mucho más de la mitad, eran mexicanos. Y hasta aquellos que incondicionalmente le han obsequiado su apoyo, se avergonzaron de la manipulación (otra), que hizo el cuerpo de jueces de la Comisión de Nevada, todos, o casi, al servicio de un lucrativo negocio que es cuidar a los peleadores estrellas de los promotores más importantes.

Porque así como ha sido protegido el Canelo en su momento fue protegido hasta Julio César Chávez en aquella pelea de revancha ante el Cirujano Frankie Randall en mayo de 1994. Lo único que diferencia las carreras de De la Hoya, el actual promotor de Álvarez y la del Canelo, es que Oscar, cuando ya era inevitable enfrentar a los mejores como Félix Trinidad o Bernard Hopkins, por respeto, los enfrentó y aunque haya perdido esas peleas, la gente aficionada al boxeo no recordamos nunca a Oscar como un perdedor.

Por absurdo que parezca, hay derrotas que visten más, que ganan más respeto para quien las sufre y De la Hoya debería de saberlo. Más aún, la incompetencia de la jueza Byrd, cuyo fallo favoreció escandalosamente a Saúl, como aquella en la que también lo llevaba como ganador ante Amir Khan, mientras los otros dos jueces lo veían perder los primeros rounds, incrementó el descrédito de la actuación del mexicano y sumó a favor de la desconfianza de que sigan ocurriendo estos resultados en medio de una nébula que eclipsa de forma permanente la figura del jalisciense

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