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Mañana el grito

 

 

Dentro del calendario cívico de los mexicanos ayer, 13 de septiembre, en las escuelas y monumentos dedicados a Los Niños Héroes, se recordó la gesta heroica de los seis cadetes del Colegio Militar que en 1847 defendieron ante la invasión norteamericana.

Desde luego, desde hace ya algunas décadas y a 170 años de que se escribió esta parte de la historia de México, no faltan los contradictorios textos que niegan la existencia del hecho o la exageración en las acciones como el relato de Alejandro Rosas en Cuadernos de Bitácora.

También el tema del inicio de la lucha por la independencia para romper el yugo de los españoles, ha sido centro de muchas otras historias que van desde las causas reales que hubo para empezar una lucha en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 y oficialmente concluyo el 27 de septiembre de 1821.

Pese a lo interesante del tema, quiero centrar su atención en la celebración nacional y en algunos países, por lo que conocemos por el Grito de Dolores, que dicho sea de paso, también existen discrepancias sobre lo que se supone dijo en voz alta el cura Don Miguel Hidalgo y Costilla.

No puedo suscribirme a la idea de comentarle que el nombre con el que conocemos al Padre de la Patria es en realidad el de su señor padre, administrador de la Hacienda de Corralejo, en Pénjamo, del actual estado de Guanajuato, casado con la española de nacimiento, doña María Gallaga Mandarte, madre del cura.

Los documentos oficiales dicen que el nombre del sacerdote redentor fue el de Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, solo que para efectos de mexicanidad el nombre se le redujo al que conocemos.

El caso es que mañana es día de fiesta nacional y por la noche, en la sede del poder ejecutivo nacional, así como en las entidades federativas y municipios, quienes legalmente ejerzan este cargo de elección popular, darán el Grito de Independencia.

Desde luego estamos hablando del presidente Enrique Peña Nieto y de cada gobernador en la capital de su estado; así como en cada presidencia municipal del territorio mexicano, enarbolarán la bandera nacional frente a la multitud que será convocada en la plaza principal, previamente atraída por grupos artísticos, principalmente musicales.

La idea central de esta columna es plantear la propuesta para que, por las razones obvias de presupuesto, pero sobre todo por las muy amplias necesidades de los mexicanos en desgracia por los fenómenos naturales que se vivieron, se eviten los gastos propios de esta celebración, el Grito.

Ya la presidencia de la República está anunciando la cancelación de la Cena de Gala característica de la noche del 15 de septiembre, que tradicionalmente se ofrece a los invitados extranjeros y nacionales.

En un acto más de reflexión que de imitación o acatamiento, sería extraordinario que los recursos financieros planeados para la celebración del 207 aniversario en cada estado de la república y presidencia municipal se destinaran para la ayuda real de los mexicanos que lo necesitan en entidades como Chiapas, Oaxaca y Tabasco, principalmente.

Las noticias sobre viviendas devastadas, la falta de alimentos, el desabasto de agua y las enfermedades próximas a aparecer por aquellas regiones, exigen atención y solidaridad no solo de los mexicanos, sino de las autoridades de los mexicanos.

Así como se emplean horas de transmisión de radio y televisión para el Teletón, por ejemplo, las empresas de la comunicación debieran convocar a sus artistas para que se hagan colectas.

Y hablando de artistas nacionales o extranjeros que han llenado varias fechas el Auditorio Nacional de la CDMX -con el cobro de entradas con por lo menos tres ceros-, también ellos debieran manifestar su solidaridad y donar lo que se recaude por un concierto, por lo menos.

Finalmente, me parece que la supervisión en la entrega de lo recaudado debe ser bien vigilada, porque hay mexicanos que ya no donan al ver la rapiña de los políticos en todos los niveles y de todos los partidos y en su caso, exhibir y castigar a quienes caigan en esa tentación.

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