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En México, rentar vientres cuesta $150 mil; no hay ley que lo prohíba

María rentó su vientre por 150 mil pesos. Los arrendadores, los padres del pequeño que nació apenas en noviembre pasado, le pagaron esa cantidad en dos exposiciones.

La primera fue a los 3 meses de gestación, cuando ya no había riesgo de aborto y cuando la integridad del producto estaba garantizada.

La segunda parte de los 150 mil pesos se la pagaron cuando José María nació en una pequeña clínica de la delegación Tlalpan, María se registró con el nombre de la esposa del hombre que la buscó para subrogar su vientre. Así no hubo ningún problema en la entrega y registro del pequeño.

Lo que hizo María es una práctica común en México y en otros países, en donde la ley sobre subrogación de vientres no existe. La premisa legal de que lo que no está prohibido para un ciudadano, le está permitido, se hace presente. No es una conducta ilegal, es decir que no hay delito que perseguir ni conducta que sancionar en lo que a la subrogación del cuerpo se refiere.

Para contactar a María, los papas del bebé no tuvieron que recurrir a ningún tipo de operación ilegal o búsqueda peligrosa en algún circuito médico underground, ahí donde se realizaban los abortos ilegales.

Ellos sólo tuvieron que buscar en internet, con un criterio de búsqueda correcto y sencillo, y la red los dirigió a una cuenta de Facebook que se llama Madre Subrogada, Vientre en Renta.

En ese espacio de Facebook decenas de mujeres ofrecen sus cuerpos, no para prostituirse, sino para prestar su vientre y gestar una vida, una vida que le cuesta a los padres necesitados unos 300 mil pesos totales, pues el costo de los procedimientos médicos, incluida la inseminación, es aparte.

Los interesados deben ponerse de acuerdo con la mujer en cuestión, acercarse a ella, hacer la propuesta y llegar a un acuerdo. Todo se resume en términos de una transacción económica.

La mujer a embarazar tiene varias opciones. O pasa el tiempo de gestación en casa de los papás del producto de su vientre, o bien se queda en su tierra y en su propia casa, bajo el cuidado de su familia y del médico que ella elija. Todo es tan simple como eso.

Los abogados juegan un papel fundamental ante la circunstancia de un vientre subrogado, pues como no existe legislación al respecto, se tiene que firmar, ante notario público, un contrato privado.

En ese contrato se establecen las condiciones del acuerdo al que llegan las partes involucradas, tanto los futuros papas cómo la mujer que renta su útero; plasman las condiciones que favorecen a ambos, la garantía de pago y la entrega del bebé que nacerá.

Los términos legales de esta transacción que permite a una pareja tener hijos no se encuentran en las leyes mexicanas.

De acuerdo con Raymundo Canales en México, investigador que ha puesto su atención en este tema y ha promovido el análisis incluso a nivel legislativo, la legislación sobre renta de vientres o en todo caso de reproducción asistida simplemente no existe.

Canales señala que los diputados y senadores no tienen, en principio, una idea clara del tema y que además muestran una absoluta falta de interés en legislar en esta materia.

“Tarde o temprano ese tema se convierte en botín político para nuestros legisladores”, dice Canales a Crónica.
Cuando una pareja que no puede tener hijos, recurre a la renta de un vientre y llevan a cabo una fertilización in vitro, se corren distintos riesgos.

El jefe de enfermeras de una pequeña clínica del oriente de la ciudad, que atiende estos nacimientos, comenta a Crónica un caso reciente que por demás es dramático, triste y que ejemplifica claramente los riesgos de la subrogación de vientres.

“La pareja que había rentado el vientre de una joven mujer siguió todo el procedimiento, pagaron el costo total del tratamiento, cuidaron a la chica a la que alojaron en su casa y cuando nació el niño, vino con síndrome de Down; nadie quiso saber de esa criatura y nadie quería hacerse responsable”.

Las subrrogadoras de vientre ponen en riesgo es su cuerpo. Aceptan resignadas los cambios en su fisonomía, en su estado de ánimo y todo lo que ello implica. Al menos en esta revisión inicial del tema, Crónica no detectó casos como los que suceden en los Estados Unidos, en donde, a la hora del nacimiento, mujeres que rentan sus vientres se niegan a entregarlos a los contratantes.

Una práctica común en estos días, de acuerdo con Canales es que, debido los altos costos de la subrogación de vientres en México, empresas norteamericanas buscan mujeres en la India, en Grecia o en Ucrania, pues la precaria economía de estas naciones y la falta de legislación permite bajar de manera significativa todos los costos, casi al 50 por ciento.

Una esperanza para lograr seguridad legal a los involucrados en la reproducción asistida, de acuerdo con Canales, es que en vez de hacer modificaciones a la Constitución o leyes y esperar a que los legisladores se decidan y hagan algo al respecto, la secretaría de salud emita una Norma Oficial Mexicana que sea diseñada por quienes saben del tema y que incluya todas las aristas, los riesgos, los ires y venires de alquilar un vientre para conseguir un hijo.

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